Admito que cuando iba a poner el título puse Almas en Pene en lugar de pena. A veces me pregunto que sería de mí si pensara las cosas como son. A continuación expondré el one shot que presenté al concurso de TO, en el que quedé tercera (solo había cuatro participantes, en realidad...) Bueno, realmente no esperaba que llegara a terminarlo a tiempo, pero Nuria me dejó media hora más. El título fue pensado en un pis pas y no por mí. Hacía falta un título para ponerlo en el concurso, así que Nuria (tan buena que es) me nombró vairos y me decidí por este.
Sé que leerán esto (si es que llegan) los mismos de siempre que seguro que ya lo habrán leido, pero me gustaría que me dieran su opinión y me ayudaran a mejorar (tengo claro que no escribo tremendamente bien y las criticas ayudan).
___________________________________________________________________
Empujé la pesada puerta de madera oscura, hacia dentro, muy despacio como si eso evitara que chirriara y descubrieran antes de lo previsto que los había seguido para recuperar lo que era mío. Me había pensado si entraba ahora o esperaba a que amaneciera, ya que sería mucho más fácil acabar con ellos de día, tal y como me había dicho mi padre. Se me hizo un nudo en la garganta al recordar su sonrisa tan amable, aunque estuviéramos en graves apuros, siempre mantenía su perfecta sonrisa. Me dio miedo que para cuando me lo encontrara no reconocerlo, que hubiera cambiado justo como había leído en uno de tantos de mis libros de fantasmagología, pero no podía irme de allí sin recuperarlo.
Sería la primera vez que estaría sola, frente a frente, con uno de esos seres, puesto que siempre estaba ahí mi padre para cubrirme las espaldas. Obviamente ahora sería diferente, además de que me sobrepasaban en número, tenían la noche como ventaja.
Seguramente, muchos piensen que para acabar con un fantasma hay que hacer esas cosas tan fáciles que tanto se leen en historias, ven en la televisión o en cualquier otro lugar, pero la gran mayoría son mentiras. Es cierto que en algunos casos, creedme cuando digo muy pocos, se puede dialogar con ellos y ayudarlos en lo máximo posible para que descansen en paz y vayan hacia la luz. Pero, hay ocasiones en las que los ángeles no llegan a tiempo y los fantasmas rebeldes (por llamarlos de alguna manera) llegan antes. Les meten ridiculeces en la cabeza, confundiéndolos, haciéndoles que ansíen venganza. Se aprovechan de esos pobres espíritus, volviéndolos aterradores, malvados y crueles.
Parece como si intentaran formar un ejército, pero no sabemos exactamente lo que se traen entre manos. Lo que si es seguro es que no planean nada bueno, y para eso existimos los humanos como yo, capaces de ver fantasmas y luchar contra ellos.
Caminé a través de la habitación, iluminada por la luz de la luna llena que se adentraba por varios huecos en el tejado y ventanas. No podía evitar darme la vuelta cada cierto tiempo, imaginándome que en cualquier momento me atraparían y cambiarían, manejándome como una marioneta, gastando mis energías hasta que fuera uno de ellos. Sabía que era estúpido pensar eso ahora, encontrándome en la entrada. Aún era temprano para que salieran a dar su “paseo” diario. Pero a medida que me fuera acercando a ellos, debía tener cuidado fuera la hora que fuera. Ahí abajo debe de estar muy oscuro.
La temperatura de la habitación comienza a descender. Por un momento creo que me lo estoy imaginando, pero el castañeo de mis dientes me hace ver la realidad: la tempera disminuye porque hay uno de ellos aquí. Me quedo plantada intentando llegar a ver algo a través del rabillo del ojo, pero no es así. Soy incapaz de moverme y eso me hace enfadarme terriblemente conmigo misma. Se está acercando, siento como levanta un leve viento a su paso. Atacará por mi espalda, típico ataque sorpresa. Me doy la vuelta en un rápido giro y extendiendo la mano lista para pronunciar un hechizo que lo apartarte de mí y conseguir algo de tiempo para realizar el hechizo que lo devuelva a donde debe estar, pero la desventaja de este último es que requiere un poco de tiempo más que cualquier otro y eso te puede dejar invulnerable frente a ellos.
Dejo de recitar el hechizo en cuanto me doy cuenta de que frente a mí no hay nada y el aire ahora viene desde arriba. No me dará tiempo a reaccionar, pero por lo menos tengo activado el hechizo de protección. Un momento, ¿cuándo lo realicé? Una mejor pregunta sería: ¿Lo hice?
Acabo de cometer el error más estúpido que ha llegado a cometer cualquier cazador. Solo me queda esperar a que me posea o me haga alguno de sus repugnantes ataques y despedirme de sentir la brisa, el sol, el agua…
Cierro los ojos y algo me golpea la cabeza, ¿había utilizado su telequinesis para darme con alguno de los viejos adornos del lugar? Pienso en darme la vuelta, quedando boca arriba, pero aún tirada en el suelo, para responder a mi pregunta y lo hago. De camino, comienzo a pronunciar entre susurros, preparada para todo, el hechizo que abra el portal que le haga ir a donde debe. En cuanto veo qué, o mejor dicho…quién me ha golpeado, me levanto de un salto y me enfrento a esa figura fantasmal de pelo blanco, que en su día llegó a ser mucho más oscuro, y ojos negros. Lo miro con los ojos entrecerrados, dándole a entender que me había molestado, pero un tanto aliviada porque fuera él y no uno de los otros el que me había pillado con la guardia baja.
-Sabía que eras idiota, pero no tanto como para entrar a un lugar como este en mitad de la noche, con ropa ligera y, sobretodo… ¡Sin hechizo de protección!- Dijo gritándome, sin miedo a que nos descubrieran.- ¿Y si no llego a ser yo?
Me alegraba tanto de verle, hacía tiempo que no lo veía, la última vez fue hace unos meses, bastantes a mi parecer. Por supuesto, no estaba atendiendo a sus quejas sobre mi imprudencia y todo eso. Flotó por encima de mi cabeza y pasó de su forma fantasmal a la humana. Era algo que hacía desde que lo conocía y nunca me decía por qué era así: mitad fantasma, mitad humano. Lo único que había conseguido sacarle era cómo había muerto y a que edad: alrededor de los veinte, edad que tendrá por siempre. Por supuesto, que yo tenga menor edad que él (quiero decir edad mortal) provoca que se sienta como un hermano mayor respecto a mí; cosa que puede ser en ocasiones bastante agobiante.
Mi padre me contó una vez que un fantasma puede volver a ser humano si se hace un sacrificio, pero se lo llevaron antes de que pudiera contarme que clase de sacrificio sería. Puede que algo saliera mal en el sacrificio de Gabe y se quedara en ese estado. Yo le había comentado en ocasiones que eso era una ventaja para hacer su cometido, pero el me respondía que daría casi todo por volver a ser humano de nuevo.
-Sé por qué estás aquí, Zoe…pero esta no es la mejor solución y lo sabes. Si ya es tarde para tu padre, sacrificarás tu vida para nada, pero esto también lo sabes.- Me dieron ganas de contestarle y preguntarle que entonces por qué hacía él lo mismo. No creo que viniera a detenerme, vino a buscar a mi padre, arriesgando su vida también. Me limité a mirarlo fijamente antes de responderle:
-Lo sé muy bien, pero no puedo abandonarlo, porque… ¿y si resulta que aún está bien, esperando que vaya a por él? No me lo perdonaría nunca.- Se quedó dubitativo un momento, pensando en las posibilidades de que tras tres días ya fuera uno de ellos.
No sabía si me ayudaría con esto, pero yo seguí adelante, lista para comenzar a descender por las escaleras de piedra rugosa. Corrió hacia mí y en un susurro me comentó:
-No permitiré que te pase nada, iré contigo. Lo sacaremos de aquí y no volveremos a hablar sobre rescates- Ahí estaba de nuevo sacando su parte de hermano mayor. Le sonrío y ambos comenzamos a bajar las escaleras a paso ligero. De repente, Gabe frena, haciendo que choque contra él, y me mira.- Una cosa más…hazme caso en todo ¿Entendido?- Asentí y aunque no parecía muy convencido, continuamos bajando.
A medida que bajábamos, dejábamos de hablar para que no nos descubrieran, si no lo habían hecho ya y nos estaban esperando, y la sensación helada se hacía cada vez más intensa. Tropecé en un par de ocasiones dado a la escasa luz. Pero en lugar de tornarse todo más oscuro, cada vez había más claridad. No encontraba explicación a no ser que algún otro humano estuviera merodeando por el lugar, cosa poco probable, ya que el edificio tenía un aspecto verdaderamente aterrador. Quizás estuviera amaneciendo, pero deseché la idea cuando miré mi reloj. Apuré a Gabe para que bajara más rápido, la curiosidad me mataba. Cuando llegamos al final de la escalera, descubrí que la brillante luz provenía de la habitación contigua. Desde allí logré ver un amplio salón con pequeñas antorchas colgadas a las paredes de piedra medio derribadas. A parte de eso, pude ver una sombra que caminaba de lado a lado del salón. Aunque estaba de espaldas a mí lo reconocí, era mi padre. Opté por entrar rápidamente y Gabe me siguió gritándome que parara, pero no lo escuchaba. Mi padre estaba ahí y no había rastro de los fantasmas, se había salvado y había acabado con los fantasmas.
-¡Papá! ¡Papá!- Corrí tanto como pude hasta que llegué hasta él e intenté abrazarlo, pero mis brazos lo traspasaron- No, no, no...- No había llegado tiempo, era tarde. Las rodillas me fallaron y caí al suelo aún mirando fijamente su espalda.
No fui consciente ni de que fantasmas y fantasmas traspasaban las cuatro paredes del salón para adentrarse en él, tampoco de que algunos se acercaron a mí y me rodearon. Oí distantes los gritos de Gabe llamándome. No podía quedarme quieta de nuevo, debía reaccionar. Sabía que si hacía ahora el hechizo para que desaparecieran y descansaran por fin, con la cantidad de fantasmas que había, corría el riesgo de gastar todas mis energías. Pero debía hacerlo por Gabe, por mi padre, por los fantasmas y por mí misma.
Miré por última vez a Gabe, que también me miraba. Le sonreí y trató de correr hasta mí, él sabía que esto era una despedida. Volví a concentrarme y pronuncié la última palabra del hechizo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
lunes, 2 de noviembre de 2009
Almas en Pena
Admito que cuando iba a poner el título puse Almas en Pene en lugar de pena. A veces me pregunto que sería de mí si pensara las cosas como son. A continuación expondré el one shot que presenté al concurso de TO, en el que quedé tercera (solo había cuatro participantes, en realidad...) Bueno, realmente no esperaba que llegara a terminarlo a tiempo, pero Nuria me dejó media hora más. El título fue pensado en un pis pas y no por mí. Hacía falta un título para ponerlo en el concurso, así que Nuria (tan buena que es) me nombró vairos y me decidí por este.
Sé que leerán esto (si es que llegan) los mismos de siempre que seguro que ya lo habrán leido, pero me gustaría que me dieran su opinión y me ayudaran a mejorar (tengo claro que no escribo tremendamente bien y las criticas ayudan).
___________________________________________________________________
Empujé la pesada puerta de madera oscura, hacia dentro, muy despacio como si eso evitara que chirriara y descubrieran antes de lo previsto que los había seguido para recuperar lo que era mío. Me había pensado si entraba ahora o esperaba a que amaneciera, ya que sería mucho más fácil acabar con ellos de día, tal y como me había dicho mi padre. Se me hizo un nudo en la garganta al recordar su sonrisa tan amable, aunque estuviéramos en graves apuros, siempre mantenía su perfecta sonrisa. Me dio miedo que para cuando me lo encontrara no reconocerlo, que hubiera cambiado justo como había leído en uno de tantos de mis libros de fantasmagología, pero no podía irme de allí sin recuperarlo.
Sería la primera vez que estaría sola, frente a frente, con uno de esos seres, puesto que siempre estaba ahí mi padre para cubrirme las espaldas. Obviamente ahora sería diferente, además de que me sobrepasaban en número, tenían la noche como ventaja.
Seguramente, muchos piensen que para acabar con un fantasma hay que hacer esas cosas tan fáciles que tanto se leen en historias, ven en la televisión o en cualquier otro lugar, pero la gran mayoría son mentiras. Es cierto que en algunos casos, creedme cuando digo muy pocos, se puede dialogar con ellos y ayudarlos en lo máximo posible para que descansen en paz y vayan hacia la luz. Pero, hay ocasiones en las que los ángeles no llegan a tiempo y los fantasmas rebeldes (por llamarlos de alguna manera) llegan antes. Les meten ridiculeces en la cabeza, confundiéndolos, haciéndoles que ansíen venganza. Se aprovechan de esos pobres espíritus, volviéndolos aterradores, malvados y crueles.
Parece como si intentaran formar un ejército, pero no sabemos exactamente lo que se traen entre manos. Lo que si es seguro es que no planean nada bueno, y para eso existimos los humanos como yo, capaces de ver fantasmas y luchar contra ellos.
Caminé a través de la habitación, iluminada por la luz de la luna llena que se adentraba por varios huecos en el tejado y ventanas. No podía evitar darme la vuelta cada cierto tiempo, imaginándome que en cualquier momento me atraparían y cambiarían, manejándome como una marioneta, gastando mis energías hasta que fuera uno de ellos. Sabía que era estúpido pensar eso ahora, encontrándome en la entrada. Aún era temprano para que salieran a dar su “paseo” diario. Pero a medida que me fuera acercando a ellos, debía tener cuidado fuera la hora que fuera. Ahí abajo debe de estar muy oscuro.
La temperatura de la habitación comienza a descender. Por un momento creo que me lo estoy imaginando, pero el castañeo de mis dientes me hace ver la realidad: la tempera disminuye porque hay uno de ellos aquí. Me quedo plantada intentando llegar a ver algo a través del rabillo del ojo, pero no es así. Soy incapaz de moverme y eso me hace enfadarme terriblemente conmigo misma. Se está acercando, siento como levanta un leve viento a su paso. Atacará por mi espalda, típico ataque sorpresa. Me doy la vuelta en un rápido giro y extendiendo la mano lista para pronunciar un hechizo que lo apartarte de mí y conseguir algo de tiempo para realizar el hechizo que lo devuelva a donde debe estar, pero la desventaja de este último es que requiere un poco de tiempo más que cualquier otro y eso te puede dejar invulnerable frente a ellos.
Dejo de recitar el hechizo en cuanto me doy cuenta de que frente a mí no hay nada y el aire ahora viene desde arriba. No me dará tiempo a reaccionar, pero por lo menos tengo activado el hechizo de protección. Un momento, ¿cuándo lo realicé? Una mejor pregunta sería: ¿Lo hice?
Acabo de cometer el error más estúpido que ha llegado a cometer cualquier cazador. Solo me queda esperar a que me posea o me haga alguno de sus repugnantes ataques y despedirme de sentir la brisa, el sol, el agua…
Cierro los ojos y algo me golpea la cabeza, ¿había utilizado su telequinesis para darme con alguno de los viejos adornos del lugar? Pienso en darme la vuelta, quedando boca arriba, pero aún tirada en el suelo, para responder a mi pregunta y lo hago. De camino, comienzo a pronunciar entre susurros, preparada para todo, el hechizo que abra el portal que le haga ir a donde debe. En cuanto veo qué, o mejor dicho…quién me ha golpeado, me levanto de un salto y me enfrento a esa figura fantasmal de pelo blanco, que en su día llegó a ser mucho más oscuro, y ojos negros. Lo miro con los ojos entrecerrados, dándole a entender que me había molestado, pero un tanto aliviada porque fuera él y no uno de los otros el que me había pillado con la guardia baja.
-Sabía que eras idiota, pero no tanto como para entrar a un lugar como este en mitad de la noche, con ropa ligera y, sobretodo… ¡Sin hechizo de protección!- Dijo gritándome, sin miedo a que nos descubrieran.- ¿Y si no llego a ser yo?
Me alegraba tanto de verle, hacía tiempo que no lo veía, la última vez fue hace unos meses, bastantes a mi parecer. Por supuesto, no estaba atendiendo a sus quejas sobre mi imprudencia y todo eso. Flotó por encima de mi cabeza y pasó de su forma fantasmal a la humana. Era algo que hacía desde que lo conocía y nunca me decía por qué era así: mitad fantasma, mitad humano. Lo único que había conseguido sacarle era cómo había muerto y a que edad: alrededor de los veinte, edad que tendrá por siempre. Por supuesto, que yo tenga menor edad que él (quiero decir edad mortal) provoca que se sienta como un hermano mayor respecto a mí; cosa que puede ser en ocasiones bastante agobiante.
Mi padre me contó una vez que un fantasma puede volver a ser humano si se hace un sacrificio, pero se lo llevaron antes de que pudiera contarme que clase de sacrificio sería. Puede que algo saliera mal en el sacrificio de Gabe y se quedara en ese estado. Yo le había comentado en ocasiones que eso era una ventaja para hacer su cometido, pero el me respondía que daría casi todo por volver a ser humano de nuevo.
-Sé por qué estás aquí, Zoe…pero esta no es la mejor solución y lo sabes. Si ya es tarde para tu padre, sacrificarás tu vida para nada, pero esto también lo sabes.- Me dieron ganas de contestarle y preguntarle que entonces por qué hacía él lo mismo. No creo que viniera a detenerme, vino a buscar a mi padre, arriesgando su vida también. Me limité a mirarlo fijamente antes de responderle:
-Lo sé muy bien, pero no puedo abandonarlo, porque… ¿y si resulta que aún está bien, esperando que vaya a por él? No me lo perdonaría nunca.- Se quedó dubitativo un momento, pensando en las posibilidades de que tras tres días ya fuera uno de ellos.
No sabía si me ayudaría con esto, pero yo seguí adelante, lista para comenzar a descender por las escaleras de piedra rugosa. Corrió hacia mí y en un susurro me comentó:
-No permitiré que te pase nada, iré contigo. Lo sacaremos de aquí y no volveremos a hablar sobre rescates- Ahí estaba de nuevo sacando su parte de hermano mayor. Le sonrío y ambos comenzamos a bajar las escaleras a paso ligero. De repente, Gabe frena, haciendo que choque contra él, y me mira.- Una cosa más…hazme caso en todo ¿Entendido?- Asentí y aunque no parecía muy convencido, continuamos bajando.
A medida que bajábamos, dejábamos de hablar para que no nos descubrieran, si no lo habían hecho ya y nos estaban esperando, y la sensación helada se hacía cada vez más intensa. Tropecé en un par de ocasiones dado a la escasa luz. Pero en lugar de tornarse todo más oscuro, cada vez había más claridad. No encontraba explicación a no ser que algún otro humano estuviera merodeando por el lugar, cosa poco probable, ya que el edificio tenía un aspecto verdaderamente aterrador. Quizás estuviera amaneciendo, pero deseché la idea cuando miré mi reloj. Apuré a Gabe para que bajara más rápido, la curiosidad me mataba. Cuando llegamos al final de la escalera, descubrí que la brillante luz provenía de la habitación contigua. Desde allí logré ver un amplio salón con pequeñas antorchas colgadas a las paredes de piedra medio derribadas. A parte de eso, pude ver una sombra que caminaba de lado a lado del salón. Aunque estaba de espaldas a mí lo reconocí, era mi padre. Opté por entrar rápidamente y Gabe me siguió gritándome que parara, pero no lo escuchaba. Mi padre estaba ahí y no había rastro de los fantasmas, se había salvado y había acabado con los fantasmas.
-¡Papá! ¡Papá!- Corrí tanto como pude hasta que llegué hasta él e intenté abrazarlo, pero mis brazos lo traspasaron- No, no, no...- No había llegado tiempo, era tarde. Las rodillas me fallaron y caí al suelo aún mirando fijamente su espalda.
No fui consciente ni de que fantasmas y fantasmas traspasaban las cuatro paredes del salón para adentrarse en él, tampoco de que algunos se acercaron a mí y me rodearon. Oí distantes los gritos de Gabe llamándome. No podía quedarme quieta de nuevo, debía reaccionar. Sabía que si hacía ahora el hechizo para que desaparecieran y descansaran por fin, con la cantidad de fantasmas que había, corría el riesgo de gastar todas mis energías. Pero debía hacerlo por Gabe, por mi padre, por los fantasmas y por mí misma.
Miré por última vez a Gabe, que también me miraba. Le sonreí y trató de correr hasta mí, él sabía que esto era una despedida. Volví a concentrarme y pronuncié la última palabra del hechizo.
Sé que leerán esto (si es que llegan) los mismos de siempre que seguro que ya lo habrán leido, pero me gustaría que me dieran su opinión y me ayudaran a mejorar (tengo claro que no escribo tremendamente bien y las criticas ayudan).
___________________________________________________________________
Empujé la pesada puerta de madera oscura, hacia dentro, muy despacio como si eso evitara que chirriara y descubrieran antes de lo previsto que los había seguido para recuperar lo que era mío. Me había pensado si entraba ahora o esperaba a que amaneciera, ya que sería mucho más fácil acabar con ellos de día, tal y como me había dicho mi padre. Se me hizo un nudo en la garganta al recordar su sonrisa tan amable, aunque estuviéramos en graves apuros, siempre mantenía su perfecta sonrisa. Me dio miedo que para cuando me lo encontrara no reconocerlo, que hubiera cambiado justo como había leído en uno de tantos de mis libros de fantasmagología, pero no podía irme de allí sin recuperarlo.
Sería la primera vez que estaría sola, frente a frente, con uno de esos seres, puesto que siempre estaba ahí mi padre para cubrirme las espaldas. Obviamente ahora sería diferente, además de que me sobrepasaban en número, tenían la noche como ventaja.
Seguramente, muchos piensen que para acabar con un fantasma hay que hacer esas cosas tan fáciles que tanto se leen en historias, ven en la televisión o en cualquier otro lugar, pero la gran mayoría son mentiras. Es cierto que en algunos casos, creedme cuando digo muy pocos, se puede dialogar con ellos y ayudarlos en lo máximo posible para que descansen en paz y vayan hacia la luz. Pero, hay ocasiones en las que los ángeles no llegan a tiempo y los fantasmas rebeldes (por llamarlos de alguna manera) llegan antes. Les meten ridiculeces en la cabeza, confundiéndolos, haciéndoles que ansíen venganza. Se aprovechan de esos pobres espíritus, volviéndolos aterradores, malvados y crueles.
Parece como si intentaran formar un ejército, pero no sabemos exactamente lo que se traen entre manos. Lo que si es seguro es que no planean nada bueno, y para eso existimos los humanos como yo, capaces de ver fantasmas y luchar contra ellos.
Caminé a través de la habitación, iluminada por la luz de la luna llena que se adentraba por varios huecos en el tejado y ventanas. No podía evitar darme la vuelta cada cierto tiempo, imaginándome que en cualquier momento me atraparían y cambiarían, manejándome como una marioneta, gastando mis energías hasta que fuera uno de ellos. Sabía que era estúpido pensar eso ahora, encontrándome en la entrada. Aún era temprano para que salieran a dar su “paseo” diario. Pero a medida que me fuera acercando a ellos, debía tener cuidado fuera la hora que fuera. Ahí abajo debe de estar muy oscuro.
La temperatura de la habitación comienza a descender. Por un momento creo que me lo estoy imaginando, pero el castañeo de mis dientes me hace ver la realidad: la tempera disminuye porque hay uno de ellos aquí. Me quedo plantada intentando llegar a ver algo a través del rabillo del ojo, pero no es así. Soy incapaz de moverme y eso me hace enfadarme terriblemente conmigo misma. Se está acercando, siento como levanta un leve viento a su paso. Atacará por mi espalda, típico ataque sorpresa. Me doy la vuelta en un rápido giro y extendiendo la mano lista para pronunciar un hechizo que lo apartarte de mí y conseguir algo de tiempo para realizar el hechizo que lo devuelva a donde debe estar, pero la desventaja de este último es que requiere un poco de tiempo más que cualquier otro y eso te puede dejar invulnerable frente a ellos.
Dejo de recitar el hechizo en cuanto me doy cuenta de que frente a mí no hay nada y el aire ahora viene desde arriba. No me dará tiempo a reaccionar, pero por lo menos tengo activado el hechizo de protección. Un momento, ¿cuándo lo realicé? Una mejor pregunta sería: ¿Lo hice?
Acabo de cometer el error más estúpido que ha llegado a cometer cualquier cazador. Solo me queda esperar a que me posea o me haga alguno de sus repugnantes ataques y despedirme de sentir la brisa, el sol, el agua…
Cierro los ojos y algo me golpea la cabeza, ¿había utilizado su telequinesis para darme con alguno de los viejos adornos del lugar? Pienso en darme la vuelta, quedando boca arriba, pero aún tirada en el suelo, para responder a mi pregunta y lo hago. De camino, comienzo a pronunciar entre susurros, preparada para todo, el hechizo que abra el portal que le haga ir a donde debe. En cuanto veo qué, o mejor dicho…quién me ha golpeado, me levanto de un salto y me enfrento a esa figura fantasmal de pelo blanco, que en su día llegó a ser mucho más oscuro, y ojos negros. Lo miro con los ojos entrecerrados, dándole a entender que me había molestado, pero un tanto aliviada porque fuera él y no uno de los otros el que me había pillado con la guardia baja.
-Sabía que eras idiota, pero no tanto como para entrar a un lugar como este en mitad de la noche, con ropa ligera y, sobretodo… ¡Sin hechizo de protección!- Dijo gritándome, sin miedo a que nos descubrieran.- ¿Y si no llego a ser yo?
Me alegraba tanto de verle, hacía tiempo que no lo veía, la última vez fue hace unos meses, bastantes a mi parecer. Por supuesto, no estaba atendiendo a sus quejas sobre mi imprudencia y todo eso. Flotó por encima de mi cabeza y pasó de su forma fantasmal a la humana. Era algo que hacía desde que lo conocía y nunca me decía por qué era así: mitad fantasma, mitad humano. Lo único que había conseguido sacarle era cómo había muerto y a que edad: alrededor de los veinte, edad que tendrá por siempre. Por supuesto, que yo tenga menor edad que él (quiero decir edad mortal) provoca que se sienta como un hermano mayor respecto a mí; cosa que puede ser en ocasiones bastante agobiante.
Mi padre me contó una vez que un fantasma puede volver a ser humano si se hace un sacrificio, pero se lo llevaron antes de que pudiera contarme que clase de sacrificio sería. Puede que algo saliera mal en el sacrificio de Gabe y se quedara en ese estado. Yo le había comentado en ocasiones que eso era una ventaja para hacer su cometido, pero el me respondía que daría casi todo por volver a ser humano de nuevo.
-Sé por qué estás aquí, Zoe…pero esta no es la mejor solución y lo sabes. Si ya es tarde para tu padre, sacrificarás tu vida para nada, pero esto también lo sabes.- Me dieron ganas de contestarle y preguntarle que entonces por qué hacía él lo mismo. No creo que viniera a detenerme, vino a buscar a mi padre, arriesgando su vida también. Me limité a mirarlo fijamente antes de responderle:
-Lo sé muy bien, pero no puedo abandonarlo, porque… ¿y si resulta que aún está bien, esperando que vaya a por él? No me lo perdonaría nunca.- Se quedó dubitativo un momento, pensando en las posibilidades de que tras tres días ya fuera uno de ellos.
No sabía si me ayudaría con esto, pero yo seguí adelante, lista para comenzar a descender por las escaleras de piedra rugosa. Corrió hacia mí y en un susurro me comentó:
-No permitiré que te pase nada, iré contigo. Lo sacaremos de aquí y no volveremos a hablar sobre rescates- Ahí estaba de nuevo sacando su parte de hermano mayor. Le sonrío y ambos comenzamos a bajar las escaleras a paso ligero. De repente, Gabe frena, haciendo que choque contra él, y me mira.- Una cosa más…hazme caso en todo ¿Entendido?- Asentí y aunque no parecía muy convencido, continuamos bajando.
A medida que bajábamos, dejábamos de hablar para que no nos descubrieran, si no lo habían hecho ya y nos estaban esperando, y la sensación helada se hacía cada vez más intensa. Tropecé en un par de ocasiones dado a la escasa luz. Pero en lugar de tornarse todo más oscuro, cada vez había más claridad. No encontraba explicación a no ser que algún otro humano estuviera merodeando por el lugar, cosa poco probable, ya que el edificio tenía un aspecto verdaderamente aterrador. Quizás estuviera amaneciendo, pero deseché la idea cuando miré mi reloj. Apuré a Gabe para que bajara más rápido, la curiosidad me mataba. Cuando llegamos al final de la escalera, descubrí que la brillante luz provenía de la habitación contigua. Desde allí logré ver un amplio salón con pequeñas antorchas colgadas a las paredes de piedra medio derribadas. A parte de eso, pude ver una sombra que caminaba de lado a lado del salón. Aunque estaba de espaldas a mí lo reconocí, era mi padre. Opté por entrar rápidamente y Gabe me siguió gritándome que parara, pero no lo escuchaba. Mi padre estaba ahí y no había rastro de los fantasmas, se había salvado y había acabado con los fantasmas.
-¡Papá! ¡Papá!- Corrí tanto como pude hasta que llegué hasta él e intenté abrazarlo, pero mis brazos lo traspasaron- No, no, no...- No había llegado tiempo, era tarde. Las rodillas me fallaron y caí al suelo aún mirando fijamente su espalda.
No fui consciente ni de que fantasmas y fantasmas traspasaban las cuatro paredes del salón para adentrarse en él, tampoco de que algunos se acercaron a mí y me rodearon. Oí distantes los gritos de Gabe llamándome. No podía quedarme quieta de nuevo, debía reaccionar. Sabía que si hacía ahora el hechizo para que desaparecieran y descansaran por fin, con la cantidad de fantasmas que había, corría el riesgo de gastar todas mis energías. Pero debía hacerlo por Gabe, por mi padre, por los fantasmas y por mí misma.
Miré por última vez a Gabe, que también me miraba. Le sonreí y trató de correr hasta mí, él sabía que esto era una despedida. Volví a concentrarme y pronuncié la última palabra del hechizo.
1 comentario:
- Nurichigo dijo...
-
Ais, que buena que soy =D xDDDDD
Bueno, que sepas que yo te di muy buena nota y en general todos. La verdad es que este OS me gustó muchísimo, sobretodo el final D=
Bueno guapa, besos =3 -
15 de noviembre de 2009 a las 10:18
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Ais, que buena que soy =D xDDDDD
Bueno, que sepas que yo te di muy buena nota y en general todos. La verdad es que este OS me gustó muchísimo, sobretodo el final D=
Bueno guapa, besos =3
Publicar un comentario