jueves, 24 de septiembre de 2009

El diario de Annie

Subí a mi habitación, con el corazón aún latiendo frenéticamente, y me tiré en la cama boca arriba. Le había dicho a mi madre que esperara un poco más para preparar la cena, o puede que si comía ahora lo vomitaría todo. Miré a mi escritorio, repleto de libros, ropa y demás objetos. "Creo que el portátil está ahí metido..." pensé mientras me levantaba de un salto y empezaba a buscar el objeto "perdido".

No lo encontré. En su lugar me llamó la atención un objeto que no era mío, nunca lo había visto. Un diario con la portada de cuero marrón bastante viejo. Lo abrí recibiendo de golpe el ataque del polvo que se había acumulado con los años.

En la primera página había escrito algo, pero la tinta se había ido borrando, quedando ilegible. Intenté descifrarlo un par de minutos, pero pasé de página al no obtener resultado. En la segunda página, con buena letra, se explicaba que se trataba de un diario. Lo miré unos segundos, el olor de la cena llegaba hasta mi nariz, pero aún faltaba tiempo para que estuviera lista.

Agarré un bolígrafo de mi desordenado escritorio y, tras echarme en la cama de nuevo, comencé a escribir.


Querido Diario:

Hoy he cruzado la calle sin mirar cuando el semáforo estaba en rojo. Quizás fuera porque tenía prisa de llegar a casa para descansar y poder comer la tortilla de papas que prepararía esa noche mi madre de cena, o quizás lo he hecho esperando que me arrollara un coche y vivir algo emocionante. Una forma muy peculiar y desesperada, lo sé. Puesto que podría hacer escalada u otros deportes de riesgo, pero eso está muy visto.
Sé que soy muy persistente con este tema, vivir una aventura. Hasta mis amigos se cansan ya de que siempre les repita lo mismo, pero de verdad desearía vivir una aventura. Algo como lo que leo en los libros o incluso más interesante.


Annie, la cena está lista!- Escuché gritar a través de la puerta. Cerré el diario, dejando la página marcada con el bolígrafo y salí de la habitación. Antes de bajar miré de nuevo la cama. ¿El diario brillaba o era cosa mía?

Me estregué los ojos y bajé a la cocina, a comer mi deseada tortilla de papas.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El diario de Annie

Subí a mi habitación, con el corazón aún latiendo frenéticamente, y me tiré en la cama boca arriba. Le había dicho a mi madre que esperara un poco más para preparar la cena, o puede que si comía ahora lo vomitaría todo. Miré a mi escritorio, repleto de libros, ropa y demás objetos. "Creo que el portátil está ahí metido..." pensé mientras me levantaba de un salto y empezaba a buscar el objeto "perdido".

No lo encontré. En su lugar me llamó la atención un objeto que no era mío, nunca lo había visto. Un diario con la portada de cuero marrón bastante viejo. Lo abrí recibiendo de golpe el ataque del polvo que se había acumulado con los años.

En la primera página había escrito algo, pero la tinta se había ido borrando, quedando ilegible. Intenté descifrarlo un par de minutos, pero pasé de página al no obtener resultado. En la segunda página, con buena letra, se explicaba que se trataba de un diario. Lo miré unos segundos, el olor de la cena llegaba hasta mi nariz, pero aún faltaba tiempo para que estuviera lista.

Agarré un bolígrafo de mi desordenado escritorio y, tras echarme en la cama de nuevo, comencé a escribir.


Querido Diario:

Hoy he cruzado la calle sin mirar cuando el semáforo estaba en rojo. Quizás fuera porque tenía prisa de llegar a casa para descansar y poder comer la tortilla de papas que prepararía esa noche mi madre de cena, o quizás lo he hecho esperando que me arrollara un coche y vivir algo emocionante. Una forma muy peculiar y desesperada, lo sé. Puesto que podría hacer escalada u otros deportes de riesgo, pero eso está muy visto.
Sé que soy muy persistente con este tema, vivir una aventura. Hasta mis amigos se cansan ya de que siempre les repita lo mismo, pero de verdad desearía vivir una aventura. Algo como lo que leo en los libros o incluso más interesante.


Annie, la cena está lista!- Escuché gritar a través de la puerta. Cerré el diario, dejando la página marcada con el bolígrafo y salí de la habitación. Antes de bajar miré de nuevo la cama. ¿El diario brillaba o era cosa mía?

Me estregué los ojos y bajé a la cocina, a comer mi deseada tortilla de papas.